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«La diferencia es abismal de estar preso en interior a régimen abierto»

20 de noviembre de 2015

La asociación APES prepara a los internos de la prisión para salir en libertad.

LA VOZ DE GALICIA (MAITE RODRIGUEZ).- La salida gradual de prisión puede incidir positivamente en la reducción de la reincidencia en delinquir o, al menos, retrasar la nueva caída en el delito. La conclusión, tomada de un estudio realizado por la Generalitat de Cataluña, la puso sobre la mesa Raquel Crespo, la presidenta de APES (Asociación para a Prevención da Exclusión Social) en la presentación del balance del programa Reincorpora que desarrolla el colectivo en el centro penitenciario de Pereiro de Aguiar. Es decir, que hay mayores posibilidades de éxito si la salida es escalonada, del primer, al segundo y tercer grado, libertad condicional y definitiva. La meta es prepararse para la libertad.

Carla García, subdirectora de tratamiento en Pereiro de Aguiar, matizó que, además de la gradualidad en la salida, el éxito está condicionado a que esté acompañado de un buen programa en que el se aborden todas las áreas necesarias para la reincorporación a la sociedad. En ese sentido, García expresó que se ha notado la diferencia con la puesta en marcha el año pasado del programa Inout -que desarrolla APES con financiación de la Obra Social la Caixa- que aborda la formación laboral de presos con cuatro meses en el centro penitenciario y seis en el módulo de sección abierta. El anterior programa, Reincorpora, empezaba directamente en el régimen abierto. «Motu propio, antes del programa Inout, nos dimos cuenta de esa carencia y empezamos a trabajar en ello con APES», explicó García, quien señaló que los participantes en este programa interior-exterior empiezan a «tomar conciencia de ese proceso de cambio y tienen tiempo de mascarlo sosegadamente y acompañados». Son cuatro meses previos de preparación para el régimen abierto, con más formación pero en la calle.

Juan, uno de los internos que ha participado este año en el programa de APES, asegura: «Depende de cómo lo valore cada uno, pero mi experiencia es así. Es favorable que sea escalonada. Las diferencias son abismales del tiempo en interior a una vez que sales a régimen abierto. No hay color. En mi caso, yo no había salido de permiso, era casi como la libertad. Estar en interior es un riesgo y dije que quería irme a un módulo de respeto para cambiar la trayectoria».

«El estereotipo de las personas privadas de libertad está lejos de la realidad -afirma Carla García- se dice que están como en un hotel, que los mantenemos. Trabajamos mucho y ponemos los medios pero de nada serviría si ellos no supieran aprovecharlos, pero ¡es que saben aprovecharlos! No se sabe que hay un montón de gente que está cumpliendo condenas que quiere cambiar su vida y que cuando vuelva a la calles las cosas sean distintas. Toman las riendas de su vida, aprovechan los recursos que ponemos en su mano y con dificultad porque el punto de partida es muy complejo», subrayó la subdirectora.

Los programas de APES están diseñados para favorecer este acompañamiento, desde dentro afuera y hasta que el interno quiera. Por ejemplo, Marco, un exrecluso, participó en el programa en el 2011 y sigue teniendo relación con la asociación, con quienes descubrió el voluntariado. «Hoy en día me encanta ayudar a la gente», un descubrimiento después de una vida anterior dedicada a lo contrario. Juan, el participante de este año, comentó: «Hay gente que no quiere a APES o no lo necesita. Yo hice la deshabituación de las drogas con Cruz Roja y pedí que no se acabara la vinculación. Hoy me sigue controlando el psicólogo. Cuando pueda hacer voluntariado, lo haré», remacha.

La reincorporación a la vida en el exterior requiere empeño y constancia cada día. En la prisión se pierden, dicen, formas de comunicarse y hay que recuperarlas, como los valores. El director de la Caixa, Fernando Garza, animó a ambos a ser perseverantes. Hoy en día no es fácil para nadie encontrar trabajo, les dijo.

LAS EMPRESAS QUE OFRECEN PRÁCTICAS DE FORMACIÓN A RECLUSOS ACABAN SATISFECHAS

Otro papel que hace APES, además de ofrecerse a los internos que estén interesados en seguir el programa, es contactar con empresas ourensanas en las que puedan realizar prácticas reales en un centro de trabajo. El restaurante Monterrei es uno de los que lleva tiempo admitiendo este tipo de trabajadores y está satisfecho con la experiencia.

Luis Roales, dueño del restaurante, señaló: «Hemos empleado a varias de estas personas y han respondido estupendamente». De hecho, aunque a la asociación le cuesta encontrar empresarios que quieran entrar por primera vez en el programa y se muestren reacios, una vez lo prueban quieren repetir. «El resultado es muy favorable. El restaurante Monterrei sigue a lo largo de los años y también otras empresas. Los empresarios se sorprenden de no haber tenido problemas con estos trabajadores», dice la prospectora laboral de APES, Susana Pérez. Este año son catorce las empresas que han colaborado en las prácticas de formación.

Además de las prácticas del programa, el programa continúa con asesoramiento personalizado para ayudarles trabajo. Desde el año 2011, treinta personas, un 29 % de los participantes, se han insertado en el mercado laboral.

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