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Un trabajo para volver a empezar

12 de octubre de 2015

Una treintena de reclusos ha conseguido trabajo gracias a InOut, programa pionero en Málaga En cuatro años Reincorpora ha formado a más de 216 personas en busca de una salida.

MALAGA HOY (CRISTINA FERNÁNDEZ).- No pueden rebobinar sus vidas. Si lo hicieran retrocederían hasta el momento antes de tomar el camino equivocado. Ahora conocen las consecuencias. Son jóvenes y no terminaron sus estudios. Con poco más de 20 años entraron en la cárcel y el mundo giró hasta ponerse del revés. "De tenerlo todo pasas a no poder decidir ni lo que comes ni cuándo te acuestas", dice Cristian, recluso en tercer grado. Sin embargo, buscan su segunda oportunidad y la han hallado en el trabajo. La obra social de La Caixa financia dos programas que gestiona la asociación Arrabal AID para la inserción laboral de población reclusa. Le dan formación y tutorizan sus prácticas en empresas y su acceso a un empleo. Desde 2011 a 2015 han participado 216 personas en Reincorpora. El índice de inserciones laborales alcanza el 50%. 

InOut es una iniciativa pionera en Málaga. Se han desarrollado dos ediciones en coordinación con el Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre y el CIS. Cada año han participado 20 personas. En 2014, 15 consiguieron un trabajo y 12 en lo que llevamos de año. La diferencia radica en que la intervención comienza con población reclusa en segundo grado penitenciario a la que ofrece una formación técnica durante su estancia en prisión que continua de forma más específica una vez son trasladados al Centro de Inserción Social. Jesús forma parte de este programa. 

Desde hace tres meses trabaja en una cafetería cercana al centro penitenciario al que tiene que regresar todos los días tras la jornada laboral. En su Archidona natal fue acusado de un delito contra la salud pública. Estaba en la puerta de un instituto y le cayeron tres años. "Por lo menos me da algo de libertad, así la condena es más llevadera", confiesa. Tiene 25 años y después de pasar 11 meses en la cárcel de Alhaurín, poder salir a diario para trabajar es un soplo de aire fresco. A las 9:00 comienza la jornada y poco después de las 17:00 regresa. Se siente bien tratado por sus compañeros y le gusta su empleo, pero desde Arrabal AID están haciendo gestiones con el Ayuntamiento para que pueda trabajar en su pueblo. 

Cristian tiene una pulsera telemática. Con ella controlan que esté desde las 22:00 hasta las 8:00 en su domicilio. Pero durante el día sale a trabajar y desde que participó en el curso de Camarero de restaurante y bar del programa Reincorpora no le han faltado las ofertas. Ahora trabaja en los hoteles como extra, contratos de un día que le tienen la agenda casi completa. Antes, en verano, trabajó en un bar para poder obtener el ansiado dispositivo que le ayuda a alejarse en lo posible del mundo penitenciario. 

"Robé coches, motos, quads, equipos de música... y no porque tomara drogas o necesitara el dinero, era por vicio, por pura adrenalina, fue una etapa corta pero muy mala de mi vida", reconoce Cristian. Hasta cinco veces lo detuvieron y lo pusieron en libertad a la espera de juicio. Cuando había reconducido su vida con un empleo estable y una novia "lo perdí todo", relata. Le llegó el juicio, la condena y, tras un año en busca y captura, los siete años y tres meses de prisión. Ingresó en 2009. Pasó por Alhaurín de la Torre, Morón y Ocaña. En este centro se sacó el graduado en Secundaria e inició un grado medio de FP de instalaciones eléctricas. Luego vino el curso de camarero y se encarriló todo otra vez. "Claro que me arrepiento de lo que hice, voy a perder siete años de mi vida", dice. 

Andrea Durán, técnica de empleo de Arrabal, asegura que además de la formación especializada en estos cursos se enseñan las habilidades sociales precisas para poder encajar en el mundo laboral. "Formalidad, imagen, presencia, saber hablar, ser correcto... son conceptos en los que trabajamos muchísimo", dice y subraya que la actitud es fundamental y la mayoría de los participantes en los programas la tiene. 

"Estos programas están dando muy buenos resultados", señala la técnica de empleo y asegura que "ellos cambian, reconocen que se han equivocado y empiezan a querer recuperar a su familia, en muchos casos rota, y a tomar las riendas, los ponemos otra vez en el camino". Durante diez meses realizan un acompañamiento que supone muchas llamadas de teléfono, entrevistas y visitas a empresas. "No se les dice que son reclusos, ellos ya lo cuentan si necesitan o así lo consideran. Hay empresas que lo entienden, pero otras no", subraya Andrea. Cristian ha tenido que contar su situación a algún jefe, pero siempre ha encontrado mucha más comprensión que rechazo. "Me dijeron que mientras cumpliera con mi trabajo, que no pasaba nada". Es la forma que han encontrado de volver a empezar.

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