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“Los niños no son presos”

9 de agosto de 2015

Madres presas en Aranjuez denuncian las malas condiciones en que viven sus hijos menores en la cárcel.

www.grupotortuga.com - DIAGONAL (LAURA MCMIHAIL/TER GARCÍA).- Verano de 2014. A los diez niños de hasta tres años de edad que viven con sus madres en la prisión de Aranjuez –a los que se suman varios bebés de menos de 18 meses–, sólo les dejaron bajar al jardín cinco veces en todo el verano: tres en julio y dos más en agosto. Tampoco les dejaron jugar con agua, a pesar de que las temperaturas en el patio del centro alcanzaron los 40 grados. Fue la gota que colmó el vaso para que familiares de las presas se organizaran ante lo que es ya una larga lista de pérdidas de derechos de la que eran víctimas, no ya las presas, sino sus hijos. Se dedicaron a recoger los abusos que sufren los niños y niñas en la prisión de Aranjuez. El texto, que se está dando a conocer a profesionales y personas relacionadas con los derechos humanos y la pediatría, se hará público previsiblemente en octubre. Se ha elaborado a partir del testimonio de las madres presas y cuenta también con análisis de profesores de psicología de la Universidad del País Vasco, de médicos puericultores de Castilla-La Mancha y Bizkaia, y con el respaldo de Etxerat.

INDEFENSIÓN

“Hemos tomado la voz de ellas, las madres que están en Aranjuez, porque a ellas no les hacen caso, siempre se han archivado sus quejas”, explica Kontxi Ibarreta, madre de una de las cuatro presas vascas que, hasta hace pocos meses, cumplía condena en Aranjuez junto a su hija de 15 meses. Como subraya Ibarreta, el problema en esta cárcel no es sólo de las presas vascas y sus hijos, sino que es común a todas las madres que cumplen condena allí. Pero la mayoría tiene miedo a protestar por las amenazas y, en el caso de las presas sin nacionalidad española –que en muchas ocasiones no cuentan con redes de apoyo–, por la posibilidad de perder la custodia de sus hijos. Entre las denuncias recogidas en el dossier, figura la mala calidad de la comida –en su mayoría congelada y, de pescado, panga, cuyo consumo la OCU recomienda limitar a adultos por su alto contenido en mercurio–. Además, las presas señalan el uso de la megafonía sin tener en cuenta los tiempos de sueño de los niños y niñas, el recorte en la calefacción durante el invierno, la drástica reducción de las fiestas que se celebran en la prisión o la pérdida del ginecólogo como algunos de los problemas que se han ido agravando con el cambio en la dirección de la prisión. También señalan el empeoramiento del trato por parte de las funcionarias por la tensión que se vive en el centro.

OTRAS NECESIDADES

“Tratan los módulos de madres como si fueran módulos normales, pero los niños no son presos. Las condiciones no pueden ser iguales”, subraya Aner, pareja de otra de las madres presas en Aranjuez. Aner explica que las reclamaciones se limitan a que las condiciones que se viven en Aranjuez sean equiparables a las de la prisión de Valencia, o a las que se daban en la propia cárcel de Aranjuez antes del cambio de dirección. Ibarreta subraya que, a raíz de que personal de la oficina técnica del área del Defensor del Pueblo español visitara la cárcel, su hija fue trasladada al módulo de madres de Valencia. Una cárcel también, sí, pero en donde las condiciones que viven los niños son mucho mejores.

“Los niños necesitan una serie de cosas y, sobre todo, tener una madre, que hasta los tres años la tienen. En Valencia tienen una alimentación relativamente buena y los familiares viajamos para que puedan salir a la calle. Es duro porque está aún más lejos, pero nos organizamos para que cada semana alguien les saque”, dice.

Desde que comenzaron el trabajo del dossier, las madres presas sí han notado algunos cambios, no saben si a raíz del propio trabajo de denuncia que están haciendo o por la visita del trabajador de la oficina del Defensor del Pueblo. Han conseguido volver a la piscina, que los niños puedan jugar con agua en el patio y han aumentado las salidas al jardín. Pero la mayoría de las reivindicaciones más importantes relativas a la alimentación, el control de las salidas y el régimen de comunicaciones, sigue sin solución. La mayoría de los alimentos son prefabricados, congelados y se suelen servir fríos ya que las presas no tienen acceso a frigorífico ni microondas.

La prisión tampoco renueva el material básico y didáctico, y ha reducido los lotes de los niños: ahora sólo aportan pañales mientras antes daban biberones, chupetes, etc. Los pequeños sólo reciben juguetes en su cumpleaños y en Navidad, y no los pueden subir a las celdas. Las salidas al patio de cemento son ahora obligatorias dos veces al día, sin que puedan elegir cuándo, y las salidas de los niños a la calle sólo se permiten dos veces por semana y, según se quejan las presas, a la hora de la comida y la siesta. En cuanto a los vis a vis de convivencia de cuatro horas, donde se encuentran con los padres, se realizan en unas habitaciones no adaptadas a las necesidades de los niños. Las comunicaciones de 40 minutos, que antes se realizaban en las salas de vis a vis con la posibilidad de llevar comida y juguetes para entretenerlos, ahora se hacen en locutorios acristalados de un metro cuadrado, lleno de colillas y sin ventilación, y los niños lloran a la hora de visita pues no quieren estar ahí, cuenta Aner. Según explica, “con el cambio de director, se puso a cada uno en una parte del cristal. El telefonillo lo tiene la madre, así que el niño ve al padre mover los labios pero no oye. Es una situación bastante dura para el niño”.

 

 

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