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VIH en la cárcel: lo que sí hizo bien España

1 de diciembre de 2014

En 20 años, la prevalencia del VIH en este entorno ha caído del 40% al 10,8%. Medidas como repartir jeringuillas entre reclusos drogodependientes fueron claves. NOTA DEL EQUIPO EDITOR: Al respecto, es de justicia un esfuerzo de memoria histórica. La introducción de los programas de intercambio de jeringuillas en prisión no fue, como parece deducirse del artículo, el resultado de una atrevida y acertada iniciativa de la administración penitenciaria sino, muy al contrario, la culminación de una larga pelea judicial nacida de la confluencia que, en las prisiones de los años 90, se produjo entre los movimientos sociales de corte antimilitarista y anticarcelario y los colectivos de lucha contra el VIH-SIDA. Fueron los insumisos presos por su negativa a realizar el servicio militar quienes iluminaron políticamente la siempre opaca realidad carcelaria para prestar voz y conciencia a lo que, en aquel entonces, era un problema de salud pública de primer orden. Tras dos años de contienda judicial, una resolución dictada el 14/10/1996 por la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Navarra obligó a la administración penitenciaria – que, hasta ese momento, se había opuesto, dentro y fuera de los juzgados, a la entrada en prisión de los programas de intercambio – a abrir las cárceles a las jeringuillas estériles. Luego llegaron el éxito del programa, la demostración de lo infundado de los miedos y de las resistencias, los reconocimientos internacionales, los premios de la OMS y, sobre todo, el tupido velo sobre la frontal oposición administrativa. En estos tiempos de desprecio absoluto por la verdad, no está de más recordar quién fue quién en aquel proceso. Al César lo que es del César.

EL MUNDO (AINHOA IRIBERRI).- A finales de la década de 1980, los usuarios de drogas por vía parenteral no eran tales; eran yonquis, tanto en el lenguaje popular como en muchos periódicos. Lo demuestra un ejemplo de una noticia proyectada por Daniel Zulaika en el IV Encuentro de Salud Pública que, con el título Éxito y retos de las Políticas Sanitarias de VIH /sida se celebró la semana pasada en Madrid.

Ante el estigma de esa palabra, es lógico pensar que una medida como repartir jeringuillas nuevas a los drogodependientes internos en prisiones españolas no fue bien recibida por muchos sectores de la sociedad. Sin embargo, algo tan sencillo como eso fue una de las claves de uno de los mayores éxitos de la lucha española contra el sida: el radical descenso de seropositivos en las cárceles españolas.

Según datos del estudio Prevalhep, la prevalencia de la infección por VIH en España en población penitenciaria en los últimos 20 años ha bajado del 40% al 10,8%, una caída que no puede sino calificarse de espectacular y por la que se felicitaron la mayoría de los participantes en la jornada, casi todos históricos en el manejo de la pandemia del sida en España, caracterizada por una elevadísima prevalencia de la enfermedad en usuarios de drogas inyectables, un patrón muy distinto al observado en la actualidad.

El moderador de la mesa redonda Salud pública penitenciaria ante el VIH / sida, Jordi Casabona, director científico del Centro d'Estudis Epidemiològics sobre les ITS/SIDA de Cataluña, lo dijo claro: la población penitenciaria acumula factores que favorecen la propagación del VIH, desde el ya mencionado uso de drogas por vía parenteral hasta la alta prevalencia de problemas de salud mental.

El subdirector general de coordinación de Sanidad Penitenciaria, José Manuel Arroyo Cobo, incidió también en esa idea, pero fue más allá. "En la cárcel no se acaba nuestro trabajo, que debe enlazar con los servicios de la comunidad que van a necesitar los seropositivos internos una vez que salgan de prisión".

Además de destacar el programa de intercambio de jeringuillas, Arroyo mencionó los programas con metadona, que sirvieron también para reducir la tasa de este tipo de drogodependientes y la transmisión del VIH en prisiones.

El responsable del área de Sanidad de la Dirección General de Servicios Penitenciarios de Cataluña, Rafael Guerrero, habló de otras bondades de la situación actual del vih /sida en las cárceles. Aunque, a su juicio, "se llegó algo tarde" al programa de intercambio de jeringuillas, destacó el éxito de esta medida de contención, a la que añadió la educación e información sanitaria. Algo más crítico que el resto de los ponentes, Guerrero opinó que "no se sabe" qué pasa con los seropositivos una vez que salen de prisión, para lo que sería clave "una historia clínica compartida".

El actual coordinador del Plan de Sida e ITS del Gobierno Vasco, Daniel Zulaika, destacó que la sanidad penitenciaria es "de manejo complejo" y explicó cómo el País Vasco se había inspirado en Cataluña pero, sobre todo, en Reino Unido, para implementar su programa de contención de riesgos. "Se trata de convertir el centro penitenciario en un centro de atención primaria", destacó y subrayó la integración de la historia clínica electrónica y otras herramientas informáticas como claves del éxito en la reducción de seropositivos presos.

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