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Los presos argentinos: jóvenes, pobres y con hogares violentos

9 de septiembre de 2014

IMPULSO BAIRES - COSECHA ROJA.- La mayoría de los presos condenados en Argentina pasaron la infancia en hogares violentos, se hicieron adultos con un arma en la mano, se fueron de la casa antes de los 15, son padres, tuvieron trabajos de baja calificación y tienen entre 18 y 30 años. Los datos surgen de un estudio que hizo el Centro Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia (CELIV) de la Universidad Tres de Febrero. “Más de medio millón de personas tienen o tuvieron un familiar dentro del sistema carcelario”, dijo a Cosecha Roja Marcelo Bergman, sociólogo y director del CELIV.

Casi la mitad de los presos condenados en Argentina vivió en un hogar con “moderada o intensa violencia”. Uno de cada cinco no conoció a la mamá o al papá y el 40 por ciento se fue del hogar antes de cumplir 15. Tres cuartos creció en entornos delictivos y la mayoría tiene amigos o familiares que habían “incurrido en la actividad delictiva media o alta”.

El estudio se hizo entrevistando a más de mil presos condenados y se comparó con informes similares de Brasil, Chile, El Salvador, México y Perú. “La Argentina registra históricamente la menor tasa de población penitenciaria respecto a los demás”, dice el informe. Es un 11 por ciento más baja que la de México y un 65 por ciento menor a la de El Salvador. “Es de destacar que el nivel de las cárceles federales argentinas es el mejor -en cuanto a la provisión de servicios- respecto a otras de la región”, dijo el director de CELIV.

Las cárceles latinoamericanas están pobladas de “jóvenes de bajo nivel de instrucción” que tuvieron una “niñez y adolescencia conflictiva”. Bergman dijo: “Es gente no necesariamente marginal pero que no le es fácil hacerse la vida”. Un quinto no terminó la primaria y, si bien el 71 por ciento trabajaba antes de ser detenido, más de la mitad tenían trabajos de baja calificación. Cobraban menos que el mínimo, tenían trabajos temporales e inestables y mostraban altos grados de insatisfacción.

“Estimamos que más de medio millón de personas han tenido o tienen algún familiar dentro del sistema penitenciario. Se ha naturalizado: la cárcel, para un gran segmento de la población, forma parte de la habitualidad”, dijo el sociólogo. En el 73 por ciento de los casos de presos condenados tenían familiares o amigos que habían pasado por la experiencia carcelaria. Esto, dice el informe, contribuye a “morigerar la percepción de la cárcel como un riesgo o un valor social negativo”.

Casi el 80 por ciento de los internos dijeron haber tenido alguna vez armas de fuego. El director de CELIV dijo que “crecieron con un arma en sus manos”. En Argentina, dice el estudio, es más fácil y barato acceder que en los otros países latinoamericanos. Un 62 por ciento estaba armado al momento de cometer el delito por el cual lo condenaron.

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