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TALLER IMPARTIDO POR MIKEL SANTOS ‘BELATZ’

Viñetas de libertad

7 de septiembre de 2014

Quince presos de Pamplona han traspasado los barrotes de la cárcel a través del cómic, en un taller impartido por el dibujante navarro Mikel Santos ‘Belatz’. Las posibilidades expresivas de este arte les han hecho sentirse libres durante unos días.

NOTICIAS DE NAVARRA (PAULA ECHEVERRÍA).- Las puertas de la cárcel de Pamplona se han abierto por primera vez al cómic, un arte que ha dejado una grata experiencia entre quince de sus reclusos. En un lugar en el que la incomunicación es forzosa, no existe Internet ni los WhatsApp, y lo que es más duro, hay horas muertas de sobra –y especialmente en verano–, poder trabajar la imaginación y la creatividad y volcar en una historia todo eso que bulle dentro pero la mayoría de las veces se queda ahí, sin ser compartido ni comprendido, es una oportunidad de oro.

Quince presos –dos mujeres y el resto hombres– de 25 a 50 años de edad, quisieron aprovecharla y se inscribieron para participar en el taller Viñetas de libertad, que impartió el pasado mes de junio el dibujante navarro Mikel Santos Belatz. El resultado de esta iniciativa, que se enmarca en la quinta edición del Salón del Cómic de Navarra que promueve la Asociación Tiza, se expone ahora al público en la Sala de Armas de la Ciudadela. En una muestra pequeña en dimensiones pero muy grande en intención y en contenido, pueden contemplarse los 9 cómics que crearon finalmente 11 de los 15 presos que se apuntaron al taller –no todos pudieron cursarlo entero–, junto a las viñetas en las que el propio Belatz narra su novedosa experiencia como profesor en la cárcel. El taller se impartió en cuatro sesiones, los viernes, de tres horas de duración cada una. Fueron doce horas intensivas en las que los reclusos se adentraron en las posibilidades narrativas y expresivas del cómic como arte y, sobre todo, como medio de comunicación. "Como dibujante, para mí ha sido una experiencia muy grata. Trabajar con gente que no tiene ninguna vinculación con el medio y que en la segunda sesión ya se ve dibujando... Los presos se sorprendieron a sí mismos al sacar su vena artística", cuenta Mikel Santos Belatz sobre esta experiencia que define como "única". Según el ilustrador, "todos sabemos dibujar, lo que pasa es que cuando dejamos de ser niños, dejamos de hacerlo y es como que se nos olvida o nos da reparo o vergüenza. Y de la misma forma, todos tenemos siempre algo que contar, esa necesidad de comunicación y de expresión que en la cárcel todavía es mucho mayor, al vivir los presos incomunicados".

Precisamente ya que están allí dentro privados de libertad, el dibujante tenía muy claro que daría la oportunidad a los reclusos de crear un cómic de tema libre, en el que cada uno hablase de lo que quisiese. "Muchos tocaron el tema carcelario, es normal, es su día a día, y curiosamente la mayoría contaba las cosas positivas de la cárcel. Pero también fue muy patente el tema del amor: de una u otra forma, todos hacían un guiño en sus viñetas a esa persona que tienen fuera. Claro, allí no tienen ni Internet ni WhatsApp, así que las viñetas para muchos eran como cartas. A través del cómic, salieron de los barrotes", explica Mikel Santos. En las diferentes sesiones, los participantes descubrieron las inmensas posibilidades creativas que abarca el género: "se dieron cuenta de que el cómic no es solo Mortadelo y Filemón, Tintín o Zipi y Zape, y de que tampoco es solo una obra de arte, sino un mundo de expresión tan amplio que puede ir desde un garabato hasta algo hiperrealista", relata el dibujante navarro. También compartió con sus alumnos todos los recursos expresivos del medio, desde los bocadillos, tipos de planos, las onomatopeyas, perspectivas, metáforas visuales como la bombilla en la cabeza para ilustrar el nacimiento de una idea, la anatomía, los recursos gráficos, la manera de crear y materializar un guión, y les enseñó a trabajar a partir de conceptos. "Porque lo que más suele costar es afrontar ese momento de estar frente al papel en blanco y con la mente en blanco. Y hay ejercicios puntuales para ir construyendo una historia a partir de ideas o temas concretos", apunta Belatz.

UN ENTRETENIMIENTO Y UNA TERAPIA DE FUTURO

Mikel Santos reconoce que en cuanto puso un pie en la cárcel y conoció a sus alumnos, se le desmontaron muchos tópicos. No tanto en cuanto al entorno en sí, "que se hace duro y frío", sino a los propios presos. "Este taller me ha aportado una visión mucho más completa y honesta del ser humano. Se te rompen prejuicios, porque vas con una idea en la cabeza, y no existe un perfil tipo del recluso, ves personas muy diversas y muy cercanas", cuenta el dibujante, que trabajó en una de las aulas del centro social de la prisión, en el que también hay una biblioteca y un teatrillo. "Pero los presos se quejan de que en verano no hacen prácticamente ninguna actividad, y de que los días se les hacen eternos en estos meses", relata Belatz.

El dibujante tiene muy claro que la experiencia ha sido del todo positiva para él, y aventura que también para los reclusos participantes. "He sentido desde el principio una conexión muy sincera, y he visto que el cómic puede ser para muchos de ellos a partir de ahora una vía de escape muy buena; algunos ya decían: yo voy a seguir dibujando, otros se engancharon más a escribir...". Al final, a contar historias. La espinita que le queda al profesor es que sus alumnos no puedan ver el resultado final del taller expuesto en la Ciudadela. "Alguno que tiene permiso algún día de estos se acercará a ver la muestra, pero la mayoría no va a poder... Así que mi reto es intentar llevarla a la cárcel", dice, con la esperanza de que haya voluntad y las puertas de la prisión vuelvan a abrirse al cómic.

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