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Carlos Fabra alega en su indulto 'riesgo de infecciones' en la cárcel

6 de septiembre de 2014

Dice que fue absuelto de corrupción tras "el ataque a lo más íntimo de mi honor y dignidad". Manifiesta su firme voluntad de atender los pagos de multas e indemnizaciones.

EL MUNDO (JANDRO ROURES).- Carlos Fabra apela por primera vez a su enfermedad para tratar de esquivar la cárcel. Nunca hasta ahora había hecho referencia al trasplante al que fue sometido en 2010 y pese al cual aparenta llevar una vida completamente normal. De hecho, el escrito de indulto remitido al ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, y al que ha tenido acceso EL MUNDO, recoge expresamente que «el ingreso en un centro penitenciario suponga una intensificación del riesgo de contraer determinadas infecciones». En un documento de nueve folios, el ex presidente de la Diputación presenta una relación de motivos por los que considera se le debe conceder el indulto total.

Destaca en el escrito que desde 1980 ha estado dedicado a la actividad política de manera ininterrumpida, siendo «mi interés exclusivo el servicio a los ciudadanos de Castellón y al interés general». Recuerda toda su trayectoria política y trabajo en la Cámara, institución que le concedió la Medalla de Oro «en atención a mi dedicación y servicios prestados».

Carlos Fabra recalca en su petición de indulto que «el procedimiento penal en el que finalmente he sido condenado a cuatro delitos fiscales» se inició «fundamentalmente por delitos contra la Administración Pública, singularmente delitos de tráfico de influencia y cohecho». «Es importante que se ponga de relieve que la sentencia de la Audiencia me absolvió de dichos delitos, que son los que, como he dicho, fueron fuente originaria del procedimiento, e integran conductas conocidas como corrupción», añade. Añade que «aquello supuso una lacerante situación y ataque a lo más íntimo de mi honor y dignidad, con graves repercusiones en mi familia, quedó acreditado que no fue así». «Jamás podrá tener un resarcimiento a algo tan doloroso».

Tras reconocer y asumir la condena, Carlos Fabra manifiesta «mi firme voluntad de atender los pagos de dichas cuantías (siempre que me sea posible y en cuanto pueda realizar la venta de los inmuebles que se autorice)». También recalca en su petición de indulto el «tiempo transcurrido» entre los años fiscales por los que ha sido condenado y que desde 2003 «no cabe tacha alguna en mi comportamiento tributario». Llegado a este punto vuelve a hacer referencia a que «el enorme lapso temporal» ayuda a fundamentar el «instituto de la prescripción». Asegura que el paso del tiempo «ha dificultado sobremanera mi defensa, puesto que, sin ánimo de contradecir la sentencia que me condena, el correr del tiempo ha dificultado dicha tarea, al haber destruido los bancos parte de la documentación».

Defiende Fabra que «en ningún caso existe el menor elemento indiciario de peligrosidad criminal en mi». Al respecto, defiende que «con este indulto no se causa perjuicio a nadie y se evita la imposición de una condena que no posee fin resocializador ni rehabilitador alguno».

También destaca Carlos Fabra al Ministerio de Justicia los avales en garantía de pago de las cuotas de las actas de inspección abiertas en paralelo al procedimiento penal y que «han supuesto unos gastos muy considerables».

En relación a la enfermedad que sufre, Carlos Fabra esgrime que «lamentablemente mientras transcurría el procedimiento penal sufrí una enfermedad hepática, que dio lugar a un trasplante el 22 de abril de 2010». Trasplante que, según Carlos Fabra, «requiere del necesario seguimiento y control médico, como por otra parte es evidente. Y que entre su tratamiento incluye un tratamiento que determina mayor susceptibilidad a las infecciones; lo que a su vez determina que el ingreso en un centro penitenciario suponga una intensificación del riesgo de contraer determinadas infecciones», afirma.

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