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Los verdugos no paran y Florida ejecuta al tercer reo de EEUU en 24 horas

19 de junio de 2014

El tercer ejecutado ha sido John Henry, de 63 años, que se ha pasado 27 años en el corredor de la muerte por asesinar a su mujer y al hijo de ella.

TE INTERESA (TAMARA FARIÑAS).- Tres ejecuciones en tres estados diferentes en sólo 24 horas. La polémica ejecución de Clayton Lockett el pasado mes de abril provocó que desde entonces, hubiera una relativa calma en las prisiones de todo el país, que desde entonces no habían llevado a cabo ninguna condena a muerte. Ahora, se ha vuelto a abrir la veda y después de que Georgia ejecutara al primer reo desde Lockett, otros dos lo han seguido.

El tercero ha sido ejecutado en el estado de Florida, y aunque el proceso estaba programado para las 18:00 (00:00 hora peninsular), finalmente se retrasó una hora y media. Tras haber recibido luz verde desde el Tribunal Supremo, la penitenciaría de Florida se convirtió en la tumba de John Henry, de 63 años, condenado por asesinar a sus dos esposas y al hijo de su segunda mujer, de sólo cinco años. Ha sido el 23º ejecutado en lo que va de año.

Las autoridades del estado de Georgia, en el sureste de Estados Unidos, han llevado a cabo la primera ejecución en el país desde la polémica aplicación de la pena de muerte a un preso de Oklahoma a finales de abril, que acabó falleciendo por parada cardíaca. Por su parte, Misuri también fue escenario de su primera ejecución desde entonces, una hora más tarde. Ambas se llevaron a cabo poco después de que el Tribunal Supremo rechazara las peticiones de indulto de sus defensas.

El condenado que fue ejecutado en Georgia era Marcus Wellons, de 59 años, que falleció poco antes de la medianoche del martes en un centro penitenciario de la localidad de Jackson, al administrársele una inyección letal fabricada con un solo medicamento, según informó el diario local 'Atlanta Journal-Constitution'.

Su ejecución es la primera en todo el país desde el 29 de abril, cuando la inyección letal que se le administró al preso Clayton Lockett en Oklahomase alargó durante 40 minutos, lo que prolongó el sufrimiento del reo, que acabó muriendo de un ataque cardíaco.

El condenado de Misuri era John Winfield, de 46 años, al que se le ha puesto una inyección letal a las 00.01 del miércoles (hora local). Nueve minutos después se ha certificado su muerte, de acuerdo con el comunicado difundido por el Departamento de Seguridad Pública de Misuri y recogido por CNN. A Winfield, de 46 años, también se le administró una inyección letal de un solo fármaco.

Winfield fue condenado por matar a dos mujeres y dejar ciega a una tercera en un tiroteo en 1996. Los abogados del reo fracasaron en su intento de paralizar la ejecución con un recurso ante el Tribunal Supremo. Tampoco el Supremo aceptó la petición de indulto para Wellons, condenado a muerte por violar y asesinar en 1989 a una niña de 15 años.

DOS EJECUTADOS EN POCOS MINUTOS EN DOS ESTADOS DIFERENTES

Wellons fue el primer ejecutado en el país desde el polémico caso de Lockett, pero también el primero en Georgia tras la aprobación de una ley estatal que protege la identidad de la fuente de la que procede el fármaco para la inyección letal. Tanto Georgia como Misuri han optado por aprobar leyes que les permiten mantener en secreto la composición de la droga que emplean para la inyección letal.

Los abogados de ambos presentaron sus recursos argumentando que necesitaban más información sobre los componentes de la droga utilizada en la inyección letal para determinar si podían causar una muerte indigna a su cliente. Tras los problemas surgidos en la muerte de Lockett, que provocó una gran polémica nacional y reabrió el debate sobre la pena de muerte, el presidente Barack Obama ordenó al secretario de Justicia, Eric Holder, un "análisis" de los métodos con los que se aplica esa sentencia.

Hasta 2010, la mayor parte de los estados han utilizado para elaborar la inyección letal una mezcla de tres fármacos: un anestésico, un agente paralizante y cloruro de potasio, que es el componente que finalmente provoca que se detenga el corazón y cause la muerte.

Sin embargo, muchos estados han adoptado nuevos métodos, como por ejemplo, optar por un único medicamento. Entre estos se encuentran diferentes dosis letales de sedantes como el penobarbital, un barbitúrico que se utiliza en algunos países para realizar eutanasias; o dosis mortales de anestésicos, como el propofol; aunque también se ha recurrido a combinar dos fármacos diferentes, principalmente con el midazolam, una benzodiacepina utilizada como ansiolítico.

Durante los últimos años los diferentes estados han estado utilizando combinaciones diferentes para obtener sus inyecciones letales, aunque muchos todavía no las han utilizado. Es complicado acceder a las farmacéuticas a las que compran los componentes e incluso conocer las cantidades de compuestos que llevan las inyecciones letales, ya que son diferentes en cada estado.

Estados Unidos es uno de los países que todavía mantiene la pena de muerte en su legislación. En total, 32 de los 50 estados la permiten, aunque algunos no la ejecutan desde hace muchos años. En el país existen cinco métodos: en todos se ejecuta a través de la inyección letal, pero en algunos ofrecen alternativas para que escoja el reo. Las cuatro alternativas son la electrocución, vigente en ocho estados; el gas letal, en tres; el ahorcamiento, en tres; y el fusilamiento, en otros tres.

EN LO QUE VA DE AÑO HAN EJECUTADO A 23 PERSONAS Y OTRAS 18 ESPERAN SERLO

Durante 2014, hasta Clayton Lockett, Estados Unidos ya había ejecutado a 19 personas. Lockett se convirtió en la víctima número 20 de un cruel sistema que, aunque paulatinamente se ha ido abandonando en muchos países del mundo, sigue vigente en un país que, no obstante,alza la voz en su contra. Con las muertes de Winfield y Wellons, ya son 22 las personas que han perdido la vida condenadas a penas de muerte en lo que va de año.

Y esa cifra seguirá aumentando, porque en el corredor de la muerte todavía siguen decenas, cientos de personas, esperando a que llegue el día en que su vida llegará al fin.

Sólo para lo que queda de año, otras 18 serán ejecutadas; 18 almas que llevan años viendo cómo se acerca su último día. El tiempo que se pasan los presos esperando, agónicamente, a que llegue el día en que algún juez ha decidido eliminarles debe de ser insoportable, peor si se tiene en cuenta que puede llegar a los 15,8 años.

Según el último informe estadístico sobre pena capital, publicado este jueves por el Centro de Información sobre Pena de Muerte (CIPM) de Estados Unidos, el tiempo que pasa entre que un preso recibe su condena de muerte hasta que finalmente se ejecuta ha aumentado exponencialmente desde que se reinstauró la pena capital.

Según los datos, en 1977 esta media era de 136 meses, 11,3 años. En 2012, último año del que se han registrado las estadísticas, este tiempo era un tercio superior. De este mismo informe se extrae que el número de ejecuciones, por el contrario, se ha ido reduciendo con los años.

Durante los últimos 12 años ha tenido una tendencia descendente, salvo en casos puntuales con ascensos leves (como ocurrió en 2002, que hubo cinco ejecuciones más que el año anterior, o en 2009, cuando tuvo lugar la más grave, que aumentó en 15 ejecuciones), y 2012 se ha coronado como tercer año consecutivo en descenso.

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