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Los presos y sus familias rechazan el nuevo sistema penitenciario de Ecuador

7 de mayo de 2014

Las organizaciones dicen que no se puede pasar de un sistema corrupto y permisivo a uno de "primer mundo" de un día para otro. La mayor queja del colectivo de familiares de los presos fue que les habían reducido la visita semanal de 24 horas a una hora y media.

EL PAIS (SORAYA CONSTANTE).- En Ecuador se puso un cerrojo definitivo a la prisión más antigua del país, el antiguo penal García Moreno. Esta cárcel, inspirada en los panópticos del siglo XVIII, se levantó hace 140 años en lo que era la periferia de Quito, pero con el crecimiento de la urbe quedó atrapada en el centro de la ciudad y se rodeó de vecinos, comercios, escuelas y hasta de un mercado. La clausura de este complejo penitenciario era inminente, sobre todo porque había superado con creces su capacidad inicial para acoger a 400 presos y albergaba a cerca de 2.000.

El traslado de los primeros 351 reos se hizo en febrero pasado, a escasos dos días de que los quiteños eligieran al nuevo regidor de la ciudad y fue tomado como una táctica electoral del alcalde que buscaba la reelección y que había prometido sacar la cárcel de la ciudad. El traslado de los últimos 1.600 presos que habitaban el expenal se hizo la semana pasada en medio de las protestas de un grupo de familiares y activistas de derechos humanos. En esta acción tres mujeres fueron detenidas y acusadas de sabotaje por presuntamente insultar al ministro de Interior, José Serrano, quien llegó al recinto penitenciario para supervisar el traslado de los presos.

El rechazo a la reubicación de los presos se debe a que el nuevo centro de rehabilitación social, que se ha levantado a 89 kilómetros de Quito, todavía carece de algunas facilidades. Cuando llegó el primer grupo de reos algunos pabellones todavía estaban en construcción y faltaba el muro exterior. Los familiares denunciaron entonces que las nuevas instalaciones penitenciarias no estaban habitables y que los servicios de agua y luz eran intermitentes. También hubo reclamos porque se prohibió que los internos tengan objetos personales en sus celdas, ni siquiera una frazada para paliar el frío de la zona. Además fueron confinados en sus celdas unipersonales sin ninguna alternativa de rehabilitación u ocupación al aire libre.

Uno de los tantos testimonios anónimos de los familiares, que fue recogido en un audio que circuló por las redes sociales, decía: “Yo soy padre de familia de un ciudadano detenido en el recinto carcelario de Latacunga, pero al ir allí me impresiono bastante, la prohibición de que entren cosas alimenticias y hasta inclusive un papel higiénico, eso debería ser inhumano, una persona privada de libertad no es un animal, es un ser humano”.

La mayor queja del colectivo de familiares y amigos de las personas privadas de la libertad fue que les habían reducido la visita semanal de 24 horas a una hora y media. Antes los familiares de los presos podían ingresar a las cárceles tres días a la semana y permanecer hasta ocho horas cada vez, pero las reglas en la nueva cárcel cambiaron. Los presos ahora solo pueden recibir a una persona por día de un listado de diez que registren en el Ministerio de Justicia.

El grupo de familiares de presos se abrió tímidamente a la prensa a inicios de marzo. En estas primeras reuniones que se improvisaron en aulas universitarias acordaron llevar su protesta a la Plaza de la Independencia, donde está la sede del Gobierno. Allí van una vez por semana, los lunes generalmente, cuando se da el cambio de guardia en al Palacio Presidencial. No son muchos y visten prendas de color blanco. También han puesto en línea un blog en el que han expuesto las precarias condiciones en las que viven sus familiares y hasta han colgado un manuscrito de los presos, en el que expresan su situación en sus propias palabras y piden ayuda.

Lady Zuñiga asumió la Cartera de Justicia por las mismas fechas en que se estaba consolidando el grupo de familiares de los presos y defendió el sistema penitenciario sobre todas las quejas. Lo poco que se sabe de este nuevo sistema es que las nuevas infraestructuras y el modelo de gestión están basados en el modelo francés, aunque a priori lo que se ha visto es una reducción de los privilegios que tenían los presos. El Estado está dotando de los artículos de primera necesidad a los reos para evitar la extorsión y les ha entregado los uniformes de color naranja.

PADRE DE UN RECLUSO

Las crónicas de la prensa local contaban con frecuencia que los presos de las antiguas cárceles ecuatorianas debía tener recursos económicos para costear su celda o cualquier otro servicio. Además los periódicos narraban que los presos podrían comprar desde armas cortopunzantes -que podía ser una cuchara con punta afilada- hasta armas de fuego. También se daba cuenta del tráfico de alcohol y drogas y se contaban anécdotas como aquella de que una botella de whisky en Navidad o Año Nuevo podía costar 1.000 dólares.

La nueva ministra ha dicho que está trabajando por el bienestar de los reos y que su intención es eliminar las mafias que controlaban las cárceles del país. Este periódico le ha pedido una entrevista pero todavía no ha sido concedida.

Las organizaciones de Derechos Humanos mantienen que no se puede pasar de un sistema de rehabilitación social permisivo y corrupto a uno de primer mundo de la noche a la mañana. Sonia Andrade, activista de Derechos Humanos, que ha trabajado durante 30 años en las cárceles, señala que su voz es mínima frente a lo que dice el Ministerio de Justicia y la Defensoría del Pueblo. “Es cierto que el Estado ecuatoriano ha invertido un ingente cantidad de recursos para el tema de rehabilitación (149 millones entre 2008 y 2012, según datos de Justicia) y es indiscutible la voluntad política que ha tenido frente a este tema, pero los modelos aplicados no se corresponden con la realidad idiosincrásica del Ecuador, nos manejamos con dinámicas distintas a cualquier país primermundista”,

La activista cuestiona, sobre todo, que se haya desechado el eje rehabilitador de la unificación familiar. “Con este nuevo modelo de sistema penitenciario se disgrega la familia. No creo que este modelo vaya a dar como respuesta lo que las autoridades esperan, menos cuando no ha habido una inducción ni preparación previa. Un centro de rehabilitación no debe ser un campo de concentración”, dice.

Pero el cambio en el sistema penitenciario no tiene vuelta atrás. Pronto las mujeres que están presas en una cárcel en el norte Quito también serán trasladadas a Latacunga, que tiene una capacidad para albergar a 4.800 personas. Los edificios penitenciarios serán intervenidos para cambiar la cara de la ciudad. El expenal García Moreno, por ejemplo, aspira convertirse en un hotel de lujo, como lo hizo la antigua penitenciaría estadounidense de Boston, que fue edificada en 1851, y que fue visitada recientemente por el presidente Rafael Correa.

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