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Un tribunal de EE UU libera a un reo que pasó 30 años en el corredor de la muerte

12 de marzo de 2014

El estadounidense Glenn Ford fue condenado a morir electrocutado en 1988, por el robo y asesinato de un joyero.

EL PAIS (CRISTINA F. PEREDA).- Glenn Ford esperó el cumplimiento de su condena a muerte durante casi 30 años en una prisión de Luisiana, Estados Unidos. Hasta que el pasado martes por la noche, tras una decisión judicial, este hombre de 64 años quedó en libertad al reconocer los fiscales que no podían mantener la acusación por asesinato contra él. Ford se ha convertido así en uno de los presos estadounidenses exonerados después de pasar más tiempo en el corredor de la muerte.

"Mi mente va a todo tipo de direcciones, pero me siento bien", declaró Ford al abandonar el centro penitenciario Angola, en el Estado de Luisiana. El excondenado, el reo 144 que ha sido exonerado en las cuatro últimas décadas, reconoció sentir cierto resentimiento por las casi tres décadas que ha pasado en la cárcel esperando a ser electrocutado. "Mis hijos eran unos bebés cuando me fui, ahora son hombres adultos con niños".

Ford, afroamericano nativo de California, fue condenado en 1984 por el robo y asesinato de un joyero para el que había trabajado en algunas ocasiones, aunque siempre mantuvo su inocencia. El acusado fue sentenciado por un jurado formado únicamente por ciudadanos blancos a pesar de la ausencia de testigos oculares del crimen y la falta del arma con la que se cometió el crimen.

Un tribunal de Luisiana absolvió este martes a Ford tras recibir nuevas pruebas que demuestran su inocencia y que relacionaban a dos hermanos con el asesinato, Jake y Henry Robinson. Éstos habían sido implicados en el caso junto con Ford desde el primer momento -la novia de uno de ellos fue la única persona que testificó en el caso contra el afroamericano-, pero quedaron absueltos.

La semana pasada, los fiscales solicitaron anular la condena y la sentencia contra Ford. El Estado comunicó a los abogados de Ford que habían recibido datos de un informante que aseguraba que Jake Robinson reconoció haber disparado contra el joyero, así como otras pruebas de que el condenado no estaba presente en el momento del robo y asesinato en la joyería. Llegado ese punto, los fiscales reconocieron que no podían mantener la acusación inicial contra Ford, a pesar de que ya había cumplido casi tres décadas de condena en el corredor de la muerte.

El caso de Ford se ha convertido en la última lanza de los activistas y organizaciones contra la pena de muerte en EE UU. Amnistía Internacional ha declarado a través de una portavoz, en una entrevista ofrecida a la cadena de televisión CNN, que Ford es “prueba viviente de cuán erróneo es nuestro sistema de justicia”. La condena se produjo a pesar de que la investigación carecía de testigos oculares, con arma del crimen desaparecida y cuya única testigo mantenía una relación sentimental con otro de los sospechosos y además admitió haber mentido al jurado.

Estos elementos son comunes en los últimos casos de exoneraciones, especialmente cuando se trata de condenas a muerte. Los activistas también han denunciado que Ford, afroamericano, fuera condenado por un jurado formado en su totalidad por ciudadanos blancos.

“He estado encerrado casi 30 años por algo que no hice”, afirmó Ford tras su liberación. “No puedo retroceder y hacer aquello que debería haber hecho cuando tenía 35, 38 o 40 años”, lamentó. El excondenado contará ahora con una indemnización económica, tal y como reconoce el Estado de Luisiana. Los reos que han cumplido condena de prisión y después exonerados tienen derecho al cobro de 25.000 dólares por cada año de encarcelación, hasta un máximo de 250.000, junto a otros 80.000 por la pérdida de “oportunidades de vida”.

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