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Bárcenas ha logrado que la dirección de la cárcel de Soto del Real encienda la calefacción en la biblioteca

10 de marzo de 2014

Luis Bárcenas ya no se fía ni de su sombra. Dedica el tiempo a leer y pasear «como un abuelete», cuenta un recluso que acaba de salir de Soto del Real. El extesorero del PP ha logrado que la dirección de la cárcel encienda la calefacción en la biblioteca.

LAS PROVINCIAS (JULIAN MENDEZ).- De aquel Luis Bárcenas planchado y pulido, con pantalón de pinzas, polo color manzana y castellanos sin calcetines fumándose un habano con parsimonia en el patio del módulo 4 de la prisión de Soto del Real, ya no queda nada. «Ha envejecido diez años de golpe. Pasea solo por el patio, con las manos detrás de la espalda, como un abuelete», le retrata Próspero, un antiguo preso preventivo que ha compartido la vida en el trullo del antiguo tesorero del PP, implicado en el 'caso Gürtel' y al que la Policía considera el «capo» de una impresionante red de fraude al fisco, comisiones y lavado de dinero al por mayor. Acumulaba en dos cuentas bancarias de Ginebra más de 48 millones de euros.

Esas imágenes sacadas de matute de la prisión, en las que aparecía estudiando en la biblioteca, asistiendo a un sentido oficio religioso con un fondo de láminas anatómicas y geográficas, relajado y paciente en el patio o jugando una pachanguita de baloncesto con los colegas del 'maco', han sido como una puñalada trapera. «Ya no se fía ni de su sombra. Sabe que alguien le ha traicionado y eso le ha hecho decaer mucho. Saluda, es muy educado, pero ya no confía en nadie», repite este exrecluso.

Luis Bárcenas (Huelva, 1957) lleva 255 días compartiendo su vida y su tedio con los 120 internos (tanto preventivos como penados) del módulo 4 de la prisión madrileña. Su compañero de 'chabolo', de celda, es un joven pelirrojo, un mexicano encarcelado por tráfico de drogas al que todos conocen como 'México' y que es el encargado de repartir la comida en el 'office'.

Este licenciado en Ciencias Empresariales por el ICADE-Universidad de Comillas, al que sus compañeros llaman Luis o Bárcenas indistintamente, se ha sabido ganar a los reclusos. Siempre saca un rato para ayudarles a redactar un recurso o para interpretar determinado artículo del Código Penal o del régimen penitenciario. Es más, los recortes presupuestarios han llevado a las autoridades de la cárcel a reducir las horas de calefacción durante este invierno. Y Bárcenas ha logrado, mediante varios escritos dirigidos a la dirección de Soto del Real, que en la biblioteca vuelvan a funcionar los radiadores durante algunas horas.

También cada viernes, y en un gesto inusual en presidio, Luis Bárcenas reparte entre sus compañeros toda la ropa que le lleva su mujer. Ropa nuevecita y de calidad, que los presidiarios agradecen en lo que vale. «La reparte toda. Él no se queda con nada. No sé si es para que le cuiden o porque no le hace falta. El caso es que los de su módulo visten a la última, de marca», relata Próspero.

Al contrario que el resto de presos, el extesorero no tiene un destino. Es decir, la administración penitenciaria no le ha asignado todavía ninguna tarea en el economato, en la biblioteca o en el mantenimiento de las instalaciones, tareas por las que los internos reciben un sueldo que puede rondar los 300 euros mensuales, una cantidad importante para las escasas posibilidades económicas de los condenados, que engrosan así su peculio. Ese dinero les sirve para recargar la 'catumba', la tarjeta de uso en prisión, con un máximo de 100 euros por semana.

COMIDA FRÍA

Anclado en la rutina carcelaria, Bárcenas asiste día sí, día también, al descubrimiento en titulares de lo que fue su vida paralela antes de entrar en Soto del Real: los 11,5 millones de euros que defraudó a Hacienda entre 2000 y 2011 y la oscura compra de la sede del PP en La Rioja, son los últimos episodios conocidos. Los compañeros siguen haciéndole bromas cada vez que abre las noticias del Telediario y le invitan a que haga correr por las celdas una parte de los millones de euros que pasaron por sus manos.

En este penal, donde también estuvo hasta su puesta en libertad el expresidente de Caja Madrid Miguel Blesa, no hay otro preso más popular. Aunque durante las últimas semanas le robó protagonismo un recién llegado al módulo 4. Rafael Velasco, otro preventivo. Se trata de un hombre de 60 años, licenciado en Bellas Artes y experto en artes gráficas, un artista de la falsificación detenido en un solitario chalet de Burgos y al que se le atribuye haber 'fabricado' dos millones de euros. Su comisión era del 10%.

Bárcenas ha espantado el gélido invierno madrileño como ha podido: entrando en calor en el gimnasio grande, donde hace atletismo, y arropándose con mantas mientras ve la televisión en su celda. Las paredes de su patio no están tan decoradas como otras de Soto del Real (en una de las estancias abiertas destaca un mural de la Puerta de Alcalá), pero puede pasear entre los cuidados jardines y parterres del presidio, decorados con flores, bustos de piedra y hasta enanos de jardín.

En el módulo de ocio, el extesorero del PP prescinde de las partidas de ping-pong y futbolín y de los programas de televisión; en ocasiones juega a las cartas y al dominó, pero la mayoría del tiempo lo emplea en escribir y en leer. Lee mucho. «Ese hombre ha pegado un bajón impresionante en prisión. Está envejecido y se le ve muy serio. Siempre anda con libros en la mano», confía Próspero desde la calle.

Cada semana, Bárcenas tiene derecho a diez llamadas de teléfono de cinco minutos de duración cada una. Cinco estrictos minutos. «A los 4 minutos y 59 segundos, la máquina se corta y te deja con la palabra en la boca», recuerda el preso veterano. Como todos los demás, hace cola y espera su turno ante el ventanuco para ser atendido por el encargado del economato: allí adquiere sellos, refrescos, dulces, embutidos, queso... «El economato es como un chino, hay de casi todo». Come en su bandeja metálica el menú carcelario -en el que Instituciones Penitenciarias gasta 3,65 euros al día, cantidad en la que se incluye el sueldo de los cocineros-. Hay 1.600 presos, así que muchas veces la comida le llega fría.

PRESERVATIVOS Y LUBRICANTE

Los viernes son fechas muy especiales en Soto del Real. Es día de visita. Poco después de las 4 de la tarde, el chófer deposita a Rosalía Iglesias y a su hijo Guillermo, Willy, en el acceso al penal. Allí cumplen con los trámites de entrada: entrega de carnets de identidad, 'huelleo' (colocar el dedo índice en un sistema que identifica las huellas y ofrece al funcionario una fotografía identificativa del visitante) y el paso por el arco de seguridad. Tras atravesar un par de puertas más, acceden a la sala donde comunican a la vez todos los familiares y amigos de los reclusos.

Bárcenas tiene derecho a dos vis a vis, de dos horas cada uno, cada mes. Puede tratarse de un encuentro íntimo o, también, de una reunión familiar. En el segundo caso, el recluso puede reunirse con cuatro personas ligadas por parentesco. Disponen de una sala con sillas y una mesa redonda.

Como todos los presos, recibe cada mes un pequeño neceser que contiene tres preservativos, otros tantos sobres con lubricante y unas cuchillas de afeitar desechables. La hora para el contacto íntimo es fijada en cada ocasión por la dirección del centro y depende de la disponibilidad de la alcoba destinada a estos encuentros. En la habitación hay una cama con sábanas limpias y un cuarto de baño con lavabo, inodoro y ducha. «Es el único momento en que nadie te vigila en la cárcel», suspira Próspero.

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