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Entrevista a Cesar Lorenzo Rubio: "Las cárceles son uno de esos lugares incómodos que preferiríamos ignorar"

25 de enero de 2014

Terminada la dictadura parte de los presos políticos salieron a la calle. Pero otros muchos quedaron dentro así como una gran cantidad de presos sociales (o comunes) que comenzaron a reivindicar sus derechos al amparo de la petición de amplias libertades que el pueblo reclamaba. A través de asociaciones como la Coordinadora de presos españoles en lucha (Copel) se intentó articular un movimiento amplio que abarcarse esas reivindicaciones. César Lorenzo nos acerca a esa historia hoy apenas conocida. Cesar Lorenzo Rubio (Barcelona, 1978) es doctor en historia por la Universidad de Barcelona. Cárceles en llamas. El movimiento de presos sociales en la transición es el libro de su tesis doctoral. Especializado en cuestiones penitenciarias ha colaborado en la obra El siglo de los castigos. Prisión y formas carcelarias en la España del siglo XX, junto a varias artículos sobre los mismos temas.

www.grupotortuga.com - DIAGONAL (JULIÁN VADILLO).-

* ¿Por qué un libro sobre los presos sociales en la Transición?

¿Por qué no antes? Durante tres décadas este tema ha quedado completamente olvidado y creo que le sobra entidad como para merecer un estudio en profundidad. Unos años atrás hubo un pequeño “boom” sobre las prisiones franquistas, pero la práctica totalidad de aquellas obras se centraban en los presos políticos de los años cuarenta. ¿Qué sucedió después? ¿Cómo evolucionaron las prisiones de Franco hasta convertirse en las prisiones de la democracia? Esa es la pregunta inicial que da pie al libro, y para responderla hay que explicar el papel central que tuvo el movimiento de presos sociales a finales de los años setenta y principios de los ochenta.

* Últimamente están saliendo a la luz numerosos trabajos críticos del proceso denominado “Transición”. ¿Enmarcarías tu investigación dentro de este grupo?

Sin duda el libro está influenciado por otras obras críticas con el proceso, y si puede ayudar a reforzar esta visión, aportando nuevos argumentos, tanto mejor. Pero no es algo exclusivo de las Ciencias Sociales; a nivel de calle también se están cuestionando dogmas que hasta hace unos años parecían intocables. La cultura de la Transición (CT), como la ha llamado Guillem Martínez, se ha resquebrajado, y por sus grietas escapan las contradicciones y las miserias que el consenso, el miedo, o la autosatisfacción hacia un pasado que muchos consideraban idílico, habían ocultado. Las cárceles son uno de esos lugares incómodos que preferiríamos ignorar, pero una revisión de la Transición y de su legado debe cuestionarse el modelo sin dilación.

* Has trabajado e investigado todo lo relativo al sistema penitenciario en aquellos años. ¿Hubo ruptura con el franquismo o el sistema penitenciario fue una mera continuación remozada del régimen franquista?

Hubo una reforma legal relativamente rápida y de considerables proporciones: si se compara el reglamento de prisiones franquista y ley penitenciaria de 1979, las diferencias son notables. Pero esta reforma no estuvo acompañada de los medios para ponerla en práctica y por ello quedó, en la mayoría de ámbitos, reducida a una declaración de intenciones. Todavía hoy, algunas de las mejoras que se introdujeron hace 35 años no se cumplen. Además, fue una reforma incompleta, porque se legisló la vida en prisión pero el Código Penal sólo se reformó de forma muy parcial, hasta que en 1995 se aprobó el llamado Código de la democracia. Y éste, paradójicamente, era más duro en cuanto al cumplimiento de penas que el anterior de época franquista. Y, por supuesto, tampoco hubo depuración de funcionarios. En definitiva, hubo ruptura legal en algunos aspectos, pero no real, en la mayoría; y en todo caso, se mantuvieron intactos los principios universales del encierro carcelario: la segregación del individuo de la sociedad, la opacidad informativa de lo que sucede dentro, el premio-castigo como sistema de regulación de la vida entre rejas, etc.

* ¿Cómo se podría definir la COPEL?

La Coordinadora de Presos en Lucha (Copel) fue el intento de agruparse de los presos sociales (los encarcelados por delitos de Derecho común) para reivindicar su posición tras las amnistías para presos políticos. Al ver que estas medidas no les beneficiaban, a finales de 1976 un grupo de presos de Carabanchel decidió crear una asociación de reclusos para defender sus derechos: la libertad para todos los encarcelados y una reforma drástica y radical del sistema penal y penitenciario.

* ¿Qué significó la Copel para la lucha de los presos en aquellos años?

A pesar de que no fue una organización en sentido estricto (debido a la imposibilidad de estructurarla por los condicionantes a la comunicación), sus siglas y reivindicaciones se difundieron a la mayoría de prisiones, y su nombre está indisolublemente asociado a las protestas carcelarias de la Transición. Fueron apenas dos años, pero muy convulsos, en los que la Copel se convirtió en la portavoz de los presos sociales en su lucha contra la perpetuación del sistema penitenciario franquista. En sus momentos finales, cuando sus líderes estaban sometidos a un severo aislamiento y se había perdido toda esperanza de lograr la libertad, se acusó a la Copel de mafia al servicio de intereses particulares, y probablemente hubo algunos episodios de abusos e instrumentalización. Pero esos casos u otras contradicciones internas, no pueden hacernos obviar el mayor episodio de movilización colectiva entre rejas de la historia.

* Aunque se habla de presos sociales muchos de ellos tenían un claro componente político en sus reivindicaciones. ¿En que manera pudieron influir los presos políticos en esa politización?

Durante los años finales de la dictadura los presos sociales habían convivido junto a militantes antifranquistas de todo tipo, y aunque las relaciones no eran demasiado fluidas, debido a la disparidad de perfiles entre un colectivo y otro, los presos sociales aprendieron mucho gracias a este contacto. De ellos observaron los métodos de organización (vida en comunas) y protesta (redacción de informes y cartas a la prensa, huelgas de hambre…); la vinculación con los grupos de apoyo en el exterior y, sobre todo, se dotaron de un lenguaje con una fuerte carga ideológica, que presentaba su lucha contra la cárcel dentro de la propuesta de ruptura democrática con el pasado. La politización que se daba en las calles también penetraba en las prisiones, y los presos sociales, a pesar de no militar en ninguna organización, no eran ajenos a ese clima de reivindicación a favor de la amnistía y las libertades.

* ¿Tiene alguna similitud la lucha de los presos en los años 70 y 80 con la que habían desarrollado en los años 20 y 30?

En los años 20 y 30 la represión al movimiento obrero, especialmente de signo anarquista, provocó que el conflicto social que se vivía en las calles se prolongase al interior de las cárceles. Y durante la II República se produjeron importantes protestas de presos comunes (o sociales) en demanda de libertad tras las amnistías para presos políticos. En este sentido, el paralelismo con los años setenta no son descabellados. Pero medio siglo después, se consiguió articular un discurso unitario y una coordinación –aunque precaria– que en los años treinta nunca se logró al mismo nivel.

* ¿Con que ideologías se sentía más vinculada organizaciones como la Copel o los presos sociales?

Fue especialmente notable la influencia y el apoyo del movimiento libertario, en línea con la histórica oposición a las prisiones de esta corriente de pensamiento. En la calle, la CNT y la gente que se movía a su alrededor constituyeron uno de los puntales del apoyo extramuros a los presos sociales, y de cancelas para dentro, no pocos militantes ácratas detenidos por distintas causas apoyaron las reivindicaciones de Copel.

(...) Artículo íntegro en archivo PDF adjunto

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